Los
medios eficaces para blanquear dinero están aumentando, ya sea a través
de fórmulas menos sofisticadas, como las tarjetas prepago, o cuenten
con una dosis extra de inventiva, caso de las operaciones ligadas al
comercio internacional de bienes. Pero si hay un sector emergente, ese
es el del ámbito deportivo. Así lo cuenta Juan Miguel del Cid, Catedrático de escuela universitaria de Economía Financiera y Contabilidad, en Blanqueo internacional de capitales
(ed. Deusto), un texto en el que se repasan las posibilidades que ha
abierto la globalización a la circulación de capitales ilícitos, así
como su casuística más habitual.

Y el deporte es ya uno de los sectores de mayor riesgo.
Especialmente el fútbol, cuya configuración de negocio abre las puertas
a numerosas posibilidades para que el dinero pase de unos países a
otros. Y no son sólo sospechas: algunas investigaciones judiciales, que
habían asociado inversiones multimillonarias en el fútbol a mafias
internacionales, acabaron en procesamiento. Así, la justicia federal
brasileña ordenó la detención del millonario iraní Kia Joorabchian,
representante en Brasil del fondo de inversiones MSI (propietario del
Corinthians), y procesó a presidente y dirigentes del club por blanqueo
de dinero. Igualmente, Alexandre Martins y Reinaldo Pitta, agentes de Ronaldo,
fueron juzgados en 2003 por haber enviado ilegalmente 34 millones de
dólares a Suiza y condenados a once años de prisión, pena que está a la
espera de resolución de recurso. A finales de 2005 fueron detenidos de
nuevo como presuntos responsables de una organización dedicada a la
evasión fiscal y al lavado de dinero.

Como apunta Juan Miguel del Cid, “el fútbol es un deporte que se
presta al blanqueo. En primer lugar, porque todos los negocios que son
intensivos en dinero efectivo son también proclives a ser utilizados
para esos fines. Por ejemplo, falseando el número de asistentes e
incrementando así el dinero recaudado en taquilla”. Pero también porque
facilita transacciones internacionales poco claras con operaciones
“como la compra de equipos, algunos de los cuales han sido adquiridos
por magnates con fortunas nada transparentes. Es el caso del Chelsea: (Roman) Abramovich
es uno de esos oligarcas que se han hecho ricos con las privatizaciones
de las empresas estatales y que ha sido vinculado con las mafias. Y a
los oligarcas, comprar un club de fútbol les permite tanto blanquear
dinero como obtener relevancia social”.

Otra operación utilizada con frecuencia son los traspasos. “Dado que
el precio real sólo lo saben los intervinientes, basta con fijar un
precio por encima del estipulado y así se pueden pasar de un país a
otro sin problema cantidades adicionales”. También las operaciones de
patrocinio, “como el caso aquel en que un ayuntamiento pagó para que un
equipo madrileño llevase publicidad en su camiseta”, son susceptibles
de ser utilizadas para el blanqueo. El sector emergente es el de las
apuestas: los amaños en partidos de tenis y fútbol comienzan a ser
noticia habitual. “Como apuestas sobre seguro, todo el dinero ganado en
esa operación tiene ya cobertura legal: es como cuando se compra un
billete premiado de la lotería, otro de los procedimientos habituales”.
Por eso, asegura Miguel del Cid, “la FIFA está insistiendo mucho en la
transparencia”. Aunque sin demasiado éxito.

Mucho efectivo de actividades delictivas

En
todo caso, y al margen de los mecanismos que se utilicen para
introducir el capital ilícito en la economía legal, resulta preocupante
la cantidad de efectivo proveniente de actividades delictivas que entra
en circulación. Con consecuencias negativas en casi todos los órdenes,
“ya que el dinero negro hace subir el precio de las cosas, como ocurre
en el sector inmobiliario”. Sin embargo, existe “cierta tolerancia con
ese capital ilícito, ya que también contribuye al funcionamiento del
sistema”. Juan Miguel del Cid señala que “hasta el año 2001, los países
lo observaban con cierta permisividad porque les venía bien para
mejorar su economía. Y los bancos lo aceptaban porque así captaban
dinero. No se hacían demasiadas preguntas. Pero a raíz del 11-S saltan
las alarmas porque el blanqueo se ve unido a la financiación del
terrorismo”. Lo que ocurre es que, desde entonces, “las medidas de
persecución que se han puesto en marcha están encaminadas a dificultar
que se financien los terroristas o que aflore el dinero de la droga
pero no tanto al fraude fiscal”.

Pero, sean cuales sean las medidas legales nacionales que se
establezcan, lo tendrán mucho más difícil si se continúa tolerando la
existencia de paraísos fiscales, “una especie de agujero negro donde se
pierde la pista del dinero”. Según las estimaciones del Banco
Internacional de Pagos, la quinta parte de los depósitos bancarios
existentes en todo el mundo estaban localizados en centros financieros offshore,
lo que muestra su importancia real. A esas cuentas, protegidas por el
secreto bancario, van a parar recursos que provienen de la delincuencia
y de la corrupción. Pero también son sistemáticamente utilizados por
grandes empresas: "actualmente, más del 60% del comercio internacional
se realiza entre filiales de empresas multinacionales. Y los paraísos
fiscales les brindan la oportunidad de colocar los beneficios en
jurisdicciones de nula fiscalidad".

También existen grandes lagunas dentro del sistema financiero, como
la banca privada, a la que recurre con frecuencia la corrupción
política. “La banca tiene una obligación, denominada Conozca a su cliente,
según la cual han de identificar la legalidad de la fuente de riqueza
de los clientes. En caso contrario, habrían de comunicar a las
autoridades que se trata de una operación sospechosa. En la banca
privada esta diligencia debería ser mayor porque estamos en un sector
sensible, pero son pautas que no siempre se aplican. Se dice, por
ejemplo, que Putin tiene una fortuna de 40.000
millones de dólares (sería la persona más rica de Europa) en cuentas en
Suiza. Y numerosos dirigentes corruptos del tercer mundo han recurrido
sin problemas a estos mecanismos”. Y es que el sector financiero cuenta
con medidas para impedir el blanqueo que no observan en todos los
casos: “en mi experiencia, por conversaciones con medios policiales,
parece que los bancos se resisten a colaborar con los juzgados. No son
muy proclives a colaborar con la Justicia”.

En definitiva, estamos ante un problema de solución difícilísima, en
la medida en que, además de las posibilidades estructurales y legales
abiertas para que el blanqueo se produzca, hay una serie de
profesionales cualificados cuya tarea principal es inventar nuevas
formas de lavado de capitales. Como asegura Juan Miguel del Cid, “las
operaciones de blanqueo están diseñadas por abogados, auditores y
asesores financieros y en algunos casos por grandes consultoras: el
blanqueador es un profesional”.